jueves, 14 de octubre de 2010

Ella y él

Ella le dijo: no juegues con fuego, porque te puedes quemar y quien no arriesga no gana pero debes saber que si arriesgas también te arriesgas a perder y hay cosas por las que no vale la pena jugarse el tipo.
Él la miraba como si estuviese viendo un espejismo, notando el final en sus labios, notando la advertencia. Y no paraba de acariciarla, como si aquella fuese la última vez. Estaba tan guapa... su suave pelo negro le tapaba media mejilla y él aprovechaba el momento para acariciarle y apartarle el pelo y conseguir verle los ojos. Aquellos ojos... brillaban ese día con una luz especial y no solo por las lágrimas que luchaban por no salir sino porque en ellos había una fuerza inmensa. Se había hecho tan mayor... era una mujer y a la vez era muy niña. Tal vez lo más dulce que sus labios habían probado. Tras el ahogado llanto se esbozaba una sonrisita, una de sus dulces sonrisitas que hacían que sus carnosos labios pareciesen a punto de estallar.
Ella supo que no había otro camino, aunque en ese momento pesase el corazón, aunque estuviese dejando la mitad de su alma atrás.

Y fue un momento precioso, y los dos eran conscientes. Entre ellos había una magia que ni el tiempo ni la distancia lograrían borrar.

Él jugó a ser libre, y parecía salirle tan bien... Todo parecía proseguir con una inquietante armonía. Fiestas, chicas, despreocupación... Pese a todo, al menos una vez al día la imagen de ella le venía a la cabeza. Entonces empezaba a sentir un hormigueo en el estómago, como cuando la conoció. Era tan fabulosa, siempre conseguía hacerle reír, por gris que fuese el día. Y sus manos... sus manos eran milagrosas, era como si pudieran sanar con caricias. Y le había perdonado tantos errores...

Ella trató de mantenerse ocupada. Su vida se convirtió en una agenda apretadísima, en planes milimetrados y estructurados donde no cabían los sentimientos. Pero su cuerpecito protestaba de vez en cuando, y en esos momentos no podía evitar vacilar con los recuerdos. Batallaba intensamente por recordar que él ya no la amaba, pese a que había algo en el aire que le decía que sí. Muchos la pretendían y ella parecía haber creado una coraza de hostilidad.

Los dos, perdidos, vagabundeando entre los sentimientos. La realidad se manifestaba dolorosa de vez en cuando. Él la necesitaba a menudo, necesitaba a aquel ángel que siempre tenía caricias que regalarle. Ella necesitaba un abrazo, sentirse protegida en un mundo que a menudo le aterrorizaba...

Ella cerró los ojos...



y el final aún no está escrito...

no sé si aún creo en la "justicia poética" ... creo que no...



Y empezó a dejarse caer...


"Tratando de mentir y evadir así mis sentimientos"

"Y aunque empeñados en soplar... hay llamas que ni con el mar..."



Alguien me dijo una vez: hay que cuidar lo bello que uno tiene...

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